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ENSEÑANZAS Y REFLEXIONES
Usando Las Dos Manos Para Construir
Por Pastor Angel E. Martínez
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El libro de Nehemías nos habla de la reconstrucción del muro que daba protección a Jerusalén. Este fue el tiempo cuando los judíos habían regresado de un cautiverio de 70 años en Babilonia. Aunque ya no estaban cautivos y alejados de su tierra, se encontraban en ella, pero desesperanzados y en ruina. Nehemías, como hombre de Dios, sabía que la reconstrucción más que física, tenía que ser de forma espiritual y, sobre todo, con el respaldo de Dios.
Nuestra sociedad, nuestra familia y aun nuestras propias vidas, necesitan ser reconstruidas con el poder de Dios. ¿Cómo comenzar? Nehemías comenzó reconociendo la causa de la ruina, y por tal razón, decidió: (1) humillarse y confesar el pecado colectivo de su pueblo fuera el o no fuera directamente responsable. La humillación no busca culpables, sino que acepta las consecuencias y asume las responsabilidades (1:1-11); (2) decidió no dejar las cosas como estaban; era necesario quitar la ruina y el oprobio. No nos conformemos con nada que este fuera del plan y el propósito de Dios (2:1-8). (3) activó al pueblo para que cada uno asumiera su responsabilidad y fuera parte de la reconstrucción (2:17-18); (4) siempre habrá oposición cuando se trata de hacer la obra de Dios (4:1-5). Dios no nos manda a hacer su obra en condiciones ideales. Habrá oposición; pero si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? (5) los que construyeron usaron ambas manos (4:17). Hay que aprender tanto a trabajar como a velar en la obra de Dios. Jesús mismo enseño a sus discípulos el principio de velar: “y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: velad” (Marcos 13:37). Los que trabajaron junto a Nehemías no se distrajeron, ni perdieron el tiempo. Ellos construían no solamente para proteger sus vidas y sus familias, sino también para proteger toda la ciudad. El reto ministerial de hoy día tiene un alcance mayor. Se trata de levantar un muro espiritual contra la obra opositora de Satanás que quiere arruinar los principios que preservan la familia y la sociedad. Vivamos por esta palabra: “Levantémonos y edifiquemos. Así se esforzaron su manos para bien” (Nehemías 2:18).
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